LA PIEL

La piel ve la mirada puesta en la nuca; la piel escucha el crepitar de los vellos y la piel fresca de la amistad íntima; la piel suda y se irrita, se contrae, se reseca, se infecta. La piel aguanta, se enrojece, se desinflama, se llena de sangre.

La piel es un mar de informaciones eléctrica que la mente recoge para alimentar a sus hijitos, los pensamientos. Y lo mejor con los pensamientos, es matarlos cuando están cuiquitos. Uno comienza a darles el menticida “El Nombre de Dios”, repetido allá, en la mente; Noche y día, como un viajero nocturno en la puerta de la posada, esperando que le abran, a buen seguro.

La piel es nuestro sensor principal. Ella tiene uñas y vellos, para rascarse y erizarse. Su cabeza está coronada por largos pelos que la ocultan del sol. Y una piel sana, pues es una mente sana: los latinos enseñaron: mens sana in corpore sano. ¿Y cómo se cuida la piel? Los latinos enseñaron: las mieles por dentro y los aceites por fuera. Y es que la piel es impermeable al agua y permeable a los aceites vegetales. En la piel se prueba la índole vegetal de nuestro alimento: la piel no recicla sebo. Lo escurre. Ni aceites de petróleo o minerales tampoco. Por eso no es correcto usar un aceite animal para la piel, así contenga cualesquier esencia, que por demás es casi seguro que sea artificial.

A la piel, pues, la penetran los aceites vegetales y ¿cómo? La penetran mediante el contacto de la mano con la piel. El contacto de la mano ungida de aromas y aceites esenciales, ha de buscar la fricción y la fricción ha de buscar producir calor, girando el movimiento del masaje en sentido antihorario. Sin despegarse de la piel los poros se abren y absorben hacia las glándulas el aceite colocada. Sin despegarse de la piel los poros se abren y absorben hacia las glándulas el aceite colocado. La piel se suaviza, se sonroja y se vuelve tersa. ¿Qué ocurrió? Que multitud de iones libres han ingresado a los receptores neurológicos de la piel, deshaciendo toda impureza. El calor liberó en forma de sudor y de humor, los iones atrapados que manchaban la piel: la piel respira.

Una unción con Ylangylang en la sien o en la muñeca, deshace de inmediato el stress. De una, se baja uno de ese tren asesino, pitador y ruidoso. Si yo hubiera sabido que Perico era sordo, yo paro el tren. Una unción con Ylangylang baja la tensión. Una unción con Ylangylang, quita el dolor. Dos unciones con Ylangylang en la sien, quitan el insomnio. Dos unciones con Ylangylang, restauran la erección. Un masaje en la piel con Ylangylang regenera el tejido de la piel, limpia, desmancha, borra cicatrices.

Los anillos terpénicos del Ylangylang, contienen iones negativos que actúan como micro estallidos de oxígeno e hidrógeno sobre las glándulas sebáceas, nerviosas y sudoríparas afectadas. Y la piel tiene un adentro y un afuera las caderas, afuera la espalda, las nalgas y las rodillas. Adentro las plantas y afuera los pies. Lo de afuera protege lo de adentro.

En la piel existen articulaciones en movimiento. Por allí penetran mejor los aceites, por las muñecas, por el cuello, por la ingle. La piel es portadora de nuestro sistema inmunológico, en ella se prueba si nuestro cuerpo resiste y pierde susceptibilidad a los gérmenes. La piel es nuestra coraza. La piel es refractaria al agua fría que la tonifica, la despierta, la limpia, la frunce y la escurre. El agua caliente la dilata, la embota y la deja abierta, expuesta a la húmeda enfermedad.

Así que usamos el agua caliente para expulsar y el agua fría para exprimir la piel. El Ylangylang, garantiza el brillo de nuestra piel. Úselo como desmaquillador de ojos, como base del cutis, como aceite para después del baño, agregue a su shampoo, dos gotas en el cuenco de su mano y unja a su pareja que solo dos gotas le brindarán horas de tranquila compañía. Tenga la experiencia de esta sagrada unción. Ylangylang, la flor del amor.

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