LOS PENSAMIENTOS
Ya no hay amor, no hay amistad.
Eso dicen las mujeres y es verdad.
De qué se alimentan los pensamientos? ¿Esos hijos de la mente, padres de la impaciencia, la insatisfacción y la incomodidad? Como la araña tiene e hiende su red, el pensamiento hiende y tensa la piel y a través de ella comienza a recibir las impresiones de los sentidos.
Donde no hay gente no hay flor de amor. Se forma el matorral, y en el matorral la guarida y en la guarida la fiera, presta a la matanza. Ah, pero los matorrales no son eternos. Primero, viene el verano y aleja el agua y después vienen los vientos e incendian los bosques y las praderas con la fricción de los guaduales y los cañaverales. El hombre flamígero, cultivador de la muerte y la destrucción, se goza de ver a los espíritus ardiendo, consumiéndose en el fuego de la muerte.
Ah, pero llega el mes de Sawan. Las lluvias guarecen e hibernan las fieras. La tierra crece con algarabía y los serenos chubascos de Mayo nos mantienen limpios. Los huertos crecen y las fieras dóciles se contentan con el pan, mientras quitan las goteras de los techos. Y para que haya gente y amor se requiere generosidad. Generosidad viene de una palabra griega que es guenos y significa raza. Así que nosotros pacíficos caucanos y vallecaucanos tenemos triple condición racial. Blanca, india y negra. Y amarilla, pues claro, dijo el otro.
Y la práctica de la generosidad así impulsada por nuestro triple orgullo, se ha de manifestar en la práctica de olvido del pasado y la lucha por la pureza de la mente. Que seamos capaces de abandonar ese universo de los blancos, el mundo de la razón, por otras palabras que signifiquen verdaderos actos de humanidad en los andenes o aceras y cuadras entre todos los vecinos.
Y como dice el poeta Guillén:
Vale más callarse amigos y no menear la cuestión, porque venimos de lejos y andamos de dos en dos. Y de dos en dos tenemos que seguir andando. Así que a juntarnos amigos que a la guerra se responde con amor.
Otro episodio marca la guerra, la oportunidad de vivir más por el ser y menos por el tener. De qué sirve tener tantas fincas, tanta planta, tantas casas, o sino, de que sirve tener tanta falta, tantas ganas y tanta necesidad.
De una forma u otra todos estamos equivocados. Y lo estamos porque una sola es la verdad, que todos los humanos estamos enfermos y maltratándonos unos a otros. Mediante la imposición de prácticas exorbitantes todos quedamos perplejos ante esa complicidad entre los que deben velar por el buen funcionamiento de la sociedad y quienes viven de que eso jamás llegue a suceder. Por eso, la guerra, porque es la noción total de la incomprensión.
Por la guerra las cosas se seleccionan. La gente -amorosa- se queda con lo que perdura, con los amigos, con los sitios, con las fechas, con las alegrías, con el Ylangylang y la buena alimentación y el silencio y la cordialidad. Es con la construcción de hogares lugares de paz, como los años nos irán redimiendo generación tras generación.
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